miércoles, 29 de junio de 2011

Pasaje Butteler (Buenos Aires)


 No posee la belleza de los céntricos De la Piedad o Rivarola, pero el pasaje Butteler, enmarcado entre la avenida La Plata y las calles Cobo, Senillosa y Zelarrayán, en el límite de Parque Chacabuco y Boedo, exhibe características únicas entre las 40 configuraciones barriales de este tipo existentes en el radio capitalino. Parece haber sido concebido por Kafka y Borges, por lo que tiene de laberíntico y conjetural.




El pasaje Butteler es en realidad una manzana -de no más de 70 casas, la mayoría bajas y algunas que conservan la fisonomía del pasado-, pero de sólo dos calles en diagonal que forman una equis, de modo que aquéllas se convierten en cuatro callejuelas, todas con el mismo nombre, Azucena Butteler, según una ordenanza que data de 1911, poco después de su inauguración.
Explicar la numeración de las viviendas, unas 70, es un verdadero desafío. Veamos: progresan linealmente, en sentido contrario al de las agujas del reloj, desde la esquina de avenida La Plata y Zelarrayán, del 0 al 98, pero sólo se ven estos números en las casas situadas a la derecha.


Al llegar a Zelarrayán y Senillosa, después de haber transitado por los dos primeros brazos de la equis, la numeración recomienza en la vereda opuesta y en sentido inverso, con los impares, por lo cual el 5 puede quedar enfrente del 88. El recorrido completo, pues, termina dando la dislocante sensación de que el pasaje se inicia y finaliza en el mismo lugar.

Es también el único pasaje con plazoleta. El pequeño paseo de forma rectangular y con juegos infantiles se llamó originalmente Butteler, pero fue rebautizado Enrique Santos Discépolo en 1972. En su centro hay un busto del autor de "Cambalache", emplazado en 1982, obra del artista Domingo Páez Torres. Poco después de su inauguración, el vandalismo hizo de las suyas, por lo que debió ser retirado para restaurarlo y vuelto a colocar al año siguiente. Hoy muestra señales de nuevos ataques.

El presidente de la Junta de Estudios Históricos de Parque Chacabuco, Mauro Fernández, responsable de la edición de un cuadernillo en el que se cuentan el origen y la trayectoria de los "minibarrios" Cafferata, Emilio Mitre y Butteler, explica que este último se empezó a consolidar a partir de la aceptación por la municipalidad de Buenos Aires, en 1907, de una extensa quinta donada por Azucena Butteler, perteneciente a una familia de hacendados, para la construcción allí de casas destinadas a obreros de la zona.

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